Trabajos Forzados – Una exposición en el Museo del Trabajo de Hamburgo

Hacía algo más de dos años que no me pasaba por el Museo del Trabajo de Hamburgo. El pasado 9 de Enero de 2016 el equipo redaccional de MusErMeKu había sido invitado a hacer una visita a la exposición temporal del momento. El tema son los distintos sistemas de trabajos forzados que el nacional socialismo empleó mientras estuvo en el poder (1933-1945).

Un tema muy interesante de por sí: los trabajos forzados tienen su origen ideológico en el más repugnante núcleo de toda ideología que presente una concepción orgánica de la sociedad. Siendo el nazismo uno de los mejores ejemplos de este tipo de ideologías, es de agradecer que se hayan invertido medios en realizar un análisis del tema. Sobretodo por que sus ramificaciones se extienden más allá de la posguerra. Las consecuencias de los trabajos forzados bajo el nazismo, tanto históricas como culturales, siguen resonando en la actualidad europea.

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Comencemos con la exposición en sí. Se trata de una exposición itinerante internacional (que fue mostrada en Rusia, Polonia y la República Checa) que deberá convertirse en un futuro en una exposición permanente en la ciudad de Weimar. La labor investigadora (impresionante) fue realizada por el personal de la Fundación de los Memoriales Campos de Buchenwald y Mittelbau-Dora. La financiación (abundante) corrió a cargo de la Stiftung Erinnerung Verantrwortung Zukunft (EVZ / Fundación Memoria Responsabilidad Futuro). Aquí se encuentra uno de los puntos negros de la exposición. Para resumir una problemática que daría para escribir libros: esta fundación se financió en su origen con el dinero de empresas que aprovecharon el sistema nazi de trabajos forzado.

Estas empresas (posiblemente la totalidad de las empresas alemanas de la época) quedaron mediante su donación libres de poder ser llevadas ante los tribunales por aquellos a quienes explotaron. Está fundación ha distribuido dinero entre las victimas de este sistema de abusos. Pero estas reparaciones han sido a menudo ridículas y han excluido por diversos motivos a bastantes victimas. A parte de distribuir reparaciones, esta fundación tiene como objetivo realizar una labor pedagógica para divulgar la Memoria Histórica. Esta exposición es un ejemplo del éxito con el que se trabaja en esta dirección. Sin embargo, queda cierto mal sabor de boca al saber que la Fundación EVZ ha sido en el fondo una manera de lavarse las manos para la industria alemana.

Pero ahí está la exposición. Y no íbamos a despreciar la amable invitación de los Museos Históricos de Hamburgo para visitarla. Nos guió e informó en ella Gülay Gün, empleada del Museo del Trabajo: un sitio dedicado a preservar la historia de la cultura industrial alemana. Esta institución (de la que ya hable bastante bien hace dos años en este blog) ha incluido exitosamente y con un esfuerzo nada despreciable esta exposición en su narrativa general. Se podría haber hecho algo históricamente menos honesto y exponerla en un sitio ya dedicado a los crímenes nazis (como el Memorial del Campo de Neuengamme), pero se acertó al traerla a este museo.

Para entender por qué esto es un acierto, tengo que explicar algo sobre la idea general de la exposición. Los totalitarismos aspiran en general a reducir al individuo hasta convertirlo en un mero elemento al servicio de algo que – se supone – es más grande que él. En el caso del nazismo, y de todos los nacionalismos, se trata del concepto de Nación. Aquí empieza el primer caso de trabajos forzados: una vez terminada su formación en las „Hitlerjugend“ (Juventudes Hitlerianas) y antes de realizar su servicio militar obligatorio, el ciudadano alemán considerado como bueno debía cumplir el „Reichsarbeitsdienst“ (Servicio de Trabajo Imperial).

El concepto del trabajo como un sacrificio obligatorio, como un deber inexcusable frente al concepto de nación puede no haber sido inventado por los nazis, pero fue sin duda perfeccionado por ellos. Uno podría pensar que los horrores a los que llevó esta idea habría ayudado a las culturas occidentales a relativizarla pero, en mayor o menor medida, sigue estando presente es todas ellas.

Si los ciudadanos considerados buenos y sanos tenían que participar en trabajos forzados, nos será fácil saber que se hacía con aquellos a los que se consideraba dañinos para la sociedad. Si bien la idea del exterminio siempre estuvo presente, se intentó hacer que, de camino a este, los ciudadanos considerados como malos se hiciesen útiles. El nacionalsocialismo anexionó y conquisto amplios territorios. Al hacerlo inmediatamente exportó su modelo de abusos. En muchos casos mientras importaba mano de obra cuya fuerza laboral se consideraba botín de guerra.

Todo esto se explica bastante detalladamente empleando varios ejemplos en la exposición. Un pequeño inciso: el envío de trabajadores Españoles a Alemania como parte de la devolución que los rebeldes contrajeron con Alemania durante la Guerra Civil no se menciona en la exposición. Pero tampoco se puede tratar cada detalle del tema. Lo realmente importante al final es la idea general que se saca de la visita. La mía fueron los espeluznantes restos de la ideología totalitaria que, pese a todo, perviven en nuestra cultura.

Puede que la exposición no lo trate todo, pero aún así estuvimos dos intensas horas en ella – a las que hay que añadir una hora de discusión del tema a la salida. La exposición tiene muchísimo contenido. Tanto, que no me sorprende en absoluto que se vaya a convertir en la exposición permanente de un museo propio. Pero la gran cantidad de contenido no debería de ser realmente un problema para el visitante. En nuestro caso seguíamos una guía. De no haberlo hecho, no nos hubiese costado nada escoger las informaciones que hubiésemos considerado relevantes. Esto se debe a la claridad de la presentación y de la estructura jerárquica de la información. En sí, la presentación no es realmente algo nuevo, pero funciona muy bien.

La exposición es un pasillo en zigzag, dividido en ambientes que definen sus capítulos generales. Salvo en algunas excepciones, los párrafos de dichos capítulos se encuentran en las paredes: textos, fotografías y facsímiles de documentos. Los objetos son escasos. Los elementos expositivos de otro tipo tampoco abundan, pero están situados de tal manera que mantienen viva la atención del visitante a lo largo de la muestra. En sí es una exposición muy sobria pero que sirve perfectamente para presentar la información que contiene y transmitir su narrativa, su idea general. Es una exposición de las que uno realmente quiere llevarse el catálogo a casa después de la visita, por que – como debe de ser con este tipo de temas – hace falta algo de tiempo para digerirla.

 

>>> Ich möchte mich an diese Stelle bei unserer Ausstellungsführerin Gülay Gün und bei Wera Wecker von den Historischen Museen Hamburg für den Empfang, den freien Eintritt und die Führung bedanken.

Header-Bild: Angelika Schoder – Museum der Arbeit Hamburg, 2016

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