La Noche Azul – El festival, el tema y la libertad

El pasado dos de mayo MusErMeKu repitio en el festival artístico/cultural de Nuremberg – la Noche Azul / die Blaue Nacht. En esta ocasión con algo menos de frio, acreditación como miembros de la prensa – cosa que se agradece – y todo ello bajo el tema “Libertad”.

Ya hablé el año pasado sobre el concepto y la historia de estos festivales a la imagen de La Larga Noche de los Museos. También mencioné el hecho de que, cada año, este festival como tantos otros se realiza bajo un tema, concepto o eslogan distinto. Ahora quiero hablar sobre la “tematización” de los festivales culturales.

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Si el año pasado la Noche Azul corrió bajo el tema Sehnsucht (polifacética palabra alemana que significa nostalgia, anhelo, ansia o cualquier mezcla de las tres), en este se decidieron por usar la palabra Libertad, die Freiheit. La elección de este término me viene por varios motivos muy bien para realizar una crítica a la costumbre de dar temas a este tipo de eventos, que podrían funcionar muy bien sin ellos. Dar un tema a un festival puede ser muy práctico para algunos participantes. Estoy pensando en creadores con bloqueo creativo, pero sobretodo en los alumnos de escuelas de arte y diseño. Un caso concreto en mi experiencia fue la bienal regionale08 en la austriaca región de Estiria.

El tema, algo complicado, fue “DIWAN – Grenzen und Kongruenzen”. Se refería a las barreras y a la mezcla cultural que se generan en una región bastante cerrada ante el fenómeno de la inmigración. Por aquel entonces yo era inmigrante (y lo seré toda mi vida) y estudiante de diseño en la FH Joanneum en Graz.

El presentar proyectos para el festival fue parte de las actividades obligatorias para los alumnos. Algunos de estos proyectos incluso fueron financiados y realizados. Eso está muy bien para un estudiante o para un diseñador que trabaje por encargos, pero no es tan bueno para un artista. Un conocido – no quiero citar aquí mis fuentes – que tiene bastante renombre en Austria me admitió que la instalación que allí presentó era una idea que había tenido bastante antes de que se anunciase el festival. Se había visto obligado a modificar el concepto de su obra para que encajase en el evento. Participar en él conllevaba ventajas económicas y publicitarias para su carrera. Pero, al mismo tiempo, estaba limitando su libertad artística.

Y aquí tenemos a la ciudad de Núremberg, diciendo a mediados del 2014 que quienes quieran participar en la siguiente Noche Azul, tienen que referirse a la libertad. Los resultados fueron a menudo curiosos, a veces contradictorios y en algunas ocasiones muy buenos. Pero eso no quita al hecho de que dar un tema a un festival que ya lo tiene (la noche y el color azul) parece un poco forzado. A parte de que la palabra Libertad es un término que ha estado – y sigue estando – tanto en la boca de todos los peores opresores de este mundo que, sin contextualizarlo, está completamente vacío de sentido. Faltó, al menos en la parte del festival que nos dio tiempo a ver, esa contextualización. Pongamos algunos ejemplos.

En el Staatstheater pudimos ver una obra de teatro y música con el nombre “Libertango”. La idea era hacer una especie de introducción al mundo del tango, contando una historia en la que se encajaban distintas canciones. La realización estuvo lograda y la obra fue muy entretenida. Sin embargo, la única relación con la libertad estaba en el título, tomado de la composición realizada por Ástor Piazzolla en 1974. Esto no deja de ser una escusa para que la obra encaje en el festival. Teniendo en cuenta de que los orígenes del tango están íntimamente liados al mundo de la prostitución, me esperaba alguna reflexión irónica sobre este aspecto contrapuesto a la libertad. No la hubo.

También quiero mencionar las dos instalaciones situadas en el aparcamiento de la Sterntor. “Gesprengte Ketten” (cadenas rotas) era un laberinto construido con aros – azules – de hula-hoop. Hay a quien recordaban a alambres de espino. A la media noche se destruyó la instalación y regaló los 700 aros a los visitantes. Mi problema con esta instalación es que estaba explicada de tal manera en el programa del festival, que no se dejaba al visitante ninguna libertad para interpretarla o sentirse sorprendido.

Junto a esta se encontraba otra instalación llamada “Light Cube”. Se trataba de un pasillo con dos paredes (a la entrada y a la salida) formadas por láser. La idea es buena y sencilla: es un cubículo del que se puede entrar y salir sin utilizar ninguna puerta. Sin embargo, no se tuvo en cuenta que la Noche Azul siempre está abarrotada de gente. Era absolutamente imposible apreciar el cubículo como tal entre la masa de visitantes que rodeaban a uno. Es más, los visitantes obviaron la intención de la obra y se dedicaron a jugar con las paredes de láser.

Todo el mundo se hizo una foto atravesando esas paredes (si, la foto actual de perfil de mi Facebook privado fue hecha también allí). Aquí surgió algo inesperado: si te querías hacer una foto atravesando el láser pero otra persona se colocaba en el haz de luz a uno de tus lados, este quedaba bloqueado y la foto perdía su gracia. En el fondo, la instalación acabo siendo una reflexión de como la libertad de los demás afecta a la nuestra y viceversa. No era su intención inicial, pero fue la mejor reflexión sobre la libertad que me aportó esta Noche Azul.

También quiero destacar dos de mis aportaciones favoritas al festival, situadas entre el Museo del Ferrocarril y la Ópera. La primera fue una acción de AIDSHilfe (asociación de ayuda a seropositivos y enfermos de SIDA) que consistía en repartir plátanos y acto seguido condones – azules – al público. Esto sí tiene que ver con la libertad, es por una buena causa, hace pensar a la gente y es genial sin ser complicado ni pretencioso. La otra fue la instalación “Liquid experiences” de Felix Bonowski. No era una exclusiva del festival, pero era lo mejor de entre lo que vi. La relación con la libertad no está clara, y es innecesaria. En la foto a pie de estas lineas me pueden ver jugando con la instalación. Me habría quedado horas de no ser por que nos quedaba poco tiempo y tenía que dejar jugar también a los niños que esperaban su turno. Vean los videos que el artista tiene en Vimeo. Merecen la pena.

Por último, la obra en la Plaza Mayor. Siempre se trata de algo de grandes dimensiones, que impresione a la gente (que puede acceder a la obra sin haber pagado la entrada al festival). Este año se trataba de una descomunal interpretación de la antorcha de la Estatua de la Libertad. “Lady Liberty’s Fackel”, un título con ciertas dificultades ortográficas debido a estar en dos idiomas. Han visto el resultado en la fotografía de cabecera de este artículo. Técnicamente impresionante, sobretodo la falsa llama, es un gran ejemplo de más forma que fondo. Nos ha quedado claro que el tema es “Libertad”.

Pero no nos queda claro las razones que llevaron a que así fuese. Ni la necesidad de que hubiese un tema concreto. En mi humilde opinión, si no lo hubiese los artistas serían más libres a la hora de presentar proyectos, los jurados tendrían más libertad a la hora de escoger los mejores de entre ellos y los visitantes tendrían más libertad de interpretación frente a las producciones.

 

Header: Angelika Schoder, 2015

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