El antisemitismo en España y la propaganda del enemigo inexistente

A principios de la década pasada, asistiendo a un coloquio en una universidad alemana, escuché a un catedrático de historia contemporánea – de cuyo nombre no quiero acordarme – hacer una afirmación escandalosa: el fascismo español y la dictadura franquista que generó no habrían sido antisemitas.

Para rematar la jugada, fundamentó su teoría en el – por él – supuesto hecho de que en España no habría judíos desde 1492. Mi respuesta fue entonces muy tímida por razones de grado académico e inseguridad lingüística. Sin embargo, dicha afirmación es tan errónea desde tantos puntos de vista, que casi es un insulto. A esa serie de errores me quiero referir en esta entrada.

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Empecemos por la tozuda falsedad histórica de que el franquismo no fue “tan malo.” Nos vamos a referir en esta entrada sólo al antisemitismo de la dictadura. Empecemos por la leyenda que asegura que la dictadura franquista desconoció el Holocausto o jugó un papel paliativo en este. Está demostrado de forma positiva que esto es falso. En vez de repetir aquí lo que otros han escrito mejor que yo, les recomiendo que lean dos recientes artículos: primero el escrito para el diario Público por Alejandro Torrús, publicado el 20 de enero del 2015, extenso y que contiene muchas pruebas documentales; y el que escribió Alfons Aragoneses para su blog y eldiario.es con motivo del Día Internacional de la Memoria del Holocausto (27 de enero) del 2015 bajo el título “España y la memoria del Holocausto.” En resumen, el régimen franquista, desde el momento en que la derrota de los nazis estuvo clara, se empeñó en reescribir su historia para agradar a las potencias vencedoras de la II Guerra Mundial. La historiografía moderna ha desmontado desde hace tiempo esas patrañas.

Pero esto no significa que la dictadura militar renegase del antisemitismo inherente a los fascismos clásicos. Se ha discutido mucho sobre la validez del término „antisemitismo“ para la sociedad española de la baja edad media y renacentista. Intentando suavizar la imagen de España se ha acuñado el término „antijudaismo“. No veo ningún interés en este debate, salvo el fundamentar otra tozuda leyenda: la de que los española no son – y nunca han sido – racistas. Esta idea acompañó mi infancia y adolescencia, aunque nunca la creí por las omnipresentes muestras de xenofobia en todos sus sentidos que se perciben en la sociedad española, tanto o más que en cualquier otra.

Quién crea en ella después de los repugnantes sucesos en El Ejido en febrero del 2000, es por que quiere. Pero, volviendo a nuestro tema, cuando se intenta aplicar la idea de que en España se era antijudío pero no antisemita – tenga esto el sentido que se quiera – al franquismo, se está haciendo sencillamente apología del fascismo. Para fundamentar esta afirmación, el antisemitismo rampante de la dictadura, voy a aportar un claro ejemplo sacado de la educación infantil.

El libro de texto „Yo soy español“, escrito por el inspector general de esnseñanza primaria Agustín Serrano de Hato y publicado por la editorial Escuela Española en 1943, es un „libro de primer grado de Historia.“ Para que se hagan una idea de la trascendencia de esta obra, la edición a la que he tenido acceso es la 21°, publicada en 1961. Estamos hablando de dos generaciones de españoles que fueron indoctrinados con esta herramienta propagandística, que explica en 33 capítulos la Historia de la hispanidad desde la creación de origen divino según la ortodoxia católica más fundamentalista, hasta la victoria del bando nacional en la Guerra Civil.

El capítulo 18 esta completamente dedicado a los judíos. Su título es sencillamente „Los judíos matan a un niño.“ En el se relata la leyenda antisemita de Santo Domingo de Val. Según esta, el niño de 7 años fue raptado y crucificado por los judíos de Zaragoza, porque „[…] odiaban a los cristianos y les daba mucha rabia de que (sic) los niños quisieran a la Virgen y al Señor.“ El breve texto es una amalgama de conceptos antisemitas. Así mismo las ilustraciones de José López Arjona bien podrían haber aparecido en Der Stürmer.

Especialmente la última, en la que un grupo de judíos, todos iguales y con los rasgos típicos de las caricaturas antisemitas de la época, torturan al niño crucificado y recogen su sangre en cálices. En las „sugerencias para el trabajo“ del final del capitulo, diluvia sobre mojado. Primero se anima a los niños a „Recordar el crimen horrendo del Calvario y la implacable maldición que eternamente pesa sobre la raza deicida.“ También se les anima a „Recordar la traición de Guadalete“ en referencia a la leyenda que dice que la toma de posesión del Sur de la caótica península Ibérica en 711 fue parte de un complot judío. Vuelvo a leerlo para asegurarme. Si, impreso para ser material escolar en 1961.

En otra entrada en este mismo blog ya describí al antisemitismo como „uno de los rasgos más repugnantes de la cultura europea.“ Aquí vuelve a demostrarse que el „Spain is different“ es una solemne estupidez. Sería injusto ignorar los esfuerzos realizados por la educación pública de la democracia por combatir las leyendas xenófobas de la edad media española. Mi padre estudió con „Yo soy español“, pero él y otros maestros de su generación enseñaron a la mía las ventajas culturales que tuvo la convivencia de judíos, musulmanes y cristianos en la península. Esto no ha bastado ni de lejos para desterrar el antisemitismo de nuestra mentalidad, pero ha sido un importante paso en la dirección correcta.

Los otros dos errores de la afirmación a la que me refería al principio de la entrada, son que en España no hubiese judíos, por un lado, y que la ausencia de estos hiciese imposible el antisemitismo. Desde un punto de vista étnico nunca dejó de haber judíos en España. Y desde un punto de vista religioso y cultural formaban una ínfima pero existente minoría en la España de Franco. Y, en cualquier caso, no debe olvidarse que la xenofobia es un fenómeno puramente sentimental y no intelectual. No importa cuantas justificaciones se le busquen a posteriori, su origen no tiene que basarse en una realidad. Es más, la presencia real del grupo odiado en el ambiente del xenófobo podría llevar a este a replantearse su idea. Como ejemplo más claro en la actualidad europea tenemos el hecho de que el movimiento islamofóbico alemán PEGIDA („Europeos patrióticos contra la islamización del Occidente“) haya tenido un éxito real sólo en las regiones de Alemania donde el porcentaje de inmigrantes – especialmente de credo musulmán – es ridículamente bajo.

En este sentido, tendríamos un motivo más para felicitarlos por la futura ley que promete falicitar la nacionalización de judíos sefardíes. Esto con la esperanza de que una mayor presencia de judíos en la sociedad española termine por acorralar al antisemitismo en las mentes de unos pocos fanáticos. Sin duda, la integración traerá problemas. Pero estos problemas son el día a día de cualquier sociedad abierta y democrática. Y el gestionarlos sin violencia ni represión, la mayor prueba de civilización que hay.

 

Header: Angelika Schoder – Sevilla, 2014

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