El Museo de la Ciudad de Fürth

Hay como mínimo dos clases de tópicos: unos reflejan una experiencia que se repite en la vida de muchas personas, otros son prejuicios que parecen justificarse por cierta acumulación de ejemplos a su favor mientras se ignora aquellos en su contra como “excepciones que confirman la norma”.

Es triste que no sobre el decir que este último grupo representa una gran injusticia. En esta tercera recomendación de museos por MusErMeKu vamos a hablar del Museo de la Ciudad de Fürth „Ludwig Erhard“ y de como le afectan, desde mi perspectiva, un tópico de cada una de las clases mencionadas.

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Tópico número uno: la gente sólo descubre realmente el sitio en el que vive cuando tiene visita de fuera. Así me pasó con el museo al que nos referimos. El que no lo hubiese visitado hasta hace poco no se debe a un problema de publicidad, ni a uno de accesibilidad. El museo está situado a medio camino entre la estación central de ferrocarril y el ayuntamiento – más central imposible. Y la ciudad pone todos los medios sensatos a su alcance para promocionarlo: carteles, volandas, anuncios y hasta presencia en las redes sociales. Pero la mayoría de las visitas con ganas de museo prefieren ir al Museo Judío de Franconia. Por ello, el Museo de la ciudad de Fürth tuvo que esperar a que unos amigos repitieran visita.

Tópico número dos: los museos locales son una reliquia del pasado. Son sitios polvorientos, aburridos y anacrónicos, con más valor como objetos arqueológicos que como instituciones culturales. Si bien es cierto que muchos museos de la ciudad, pueblo o comarca son como el viejo sillón de la abuela que nadie se atreve a tirar, en muchos sitios se sigue haciendo un esfuerzo de renovación. Fürth es, sin duda, uno de estos sitios.

El museo en sí no es nada vanguardista pero destaca por cumplir sus funciones a la perfección. El primer punto a destacar es la gestión del espacio: ni el visitante solitario se sentirá perdido en sus salas, ni un grupo de entre 30 a 50 personas tendrá problemas para respirar. La recepción combina taquilla, cafetería, guardarropa y tienda en un mismo ambiente. Un ambiente que, como en el resto del museo, se puede definir como acogedor. A mano derecha queda la exposición permanente y a mano izquierda un generoso espacio modificable con paredes móviles para las exposiciones temporales.

La exposición permanente está dividida en dos partes que transcurren de forma paralela. La principal expone la historia de la ciudad utilizando una linea cronológica que se extiende sobre una pared a lo largo de la exposición. Las lineas cronológicas no son un método nuevo, pero si tremendamente eficaz. Esta deja suficiente espacio entre las fechas para incluir ilustraciones, vitrinas con objetos e incluso pantallas que muestran material audiovisual. También vemos en ella otra de las virtudes del museo: una clara jerarquía de la información que se ofrece. Esto permite al visitante gestionar el tiempo que invierte en la visita y cuánto quiere profundizar en un tema o periodo concreto.

El resto del espacio está ocupado de manera armónica por objetos, textos, ilustraciones, pantallas de vídeo, estaciones multimediales, etc. Cuando hablo de armonía me refiero a que las estructuras no se repiten, la información fluye sin aburrir. Se consigue crear una expectación en el visitante. Todo concluye en la actualidad con una estación con grandes pantallas de ordenador dónde se puede navegar un sistema que amplia las explicaciones de la exposición.

Al otro lado de la pared con la linea cronológica se exponen y explican objetos que pertenecieron a una exposición anterior al museo sobre la historia de la artesanía y la industria en la ciudad. Esta parte es un poco más conservadora, pero sigue la cronología del museo y da más la sensación de ser un bonus que un pegote. Dos detalles que quedan por destacar son el hecho de que la linea cronológica haya sido ampliada recientemente para llegar al 2014, y las “estaciones olfativas”. Esto último, que suena como una broma, son unos bloques que, al abrirse, emiten un olor concreto relacionado con el tema que se expone. Puede parecer una tontería, pero este tipo de interacción analógica funciona muy bien para interrumpir por un momento el ambiente demasiado académico que puede generarse en este tipo de instituciones.

Como estamos en 2014, la exposición temporal trata forzosamente sobre la I Guerra Mundial. Si bien se nota que esta exposición, como es lógico, no cuenta con los mismos medios que la permanente, se ve que alguien ha puesto un esfuerzo en utilizar el mismo lenguaje museográfico que en el resto del museo. Más centrada en los objetos que la permanente, esta exposición refleja la locura belicista de una sociedad encaminada a la tragedia. Y lo hace bien, partiendo de lo local – refiriéndose a la ciudad de Fürth – para explicar procesos históricos universales.

Concluyendo, puede que el Stadtsmuseum Fürth haya vuelto a confirmar el primer tópico al que me refería arriba, pero no cabe duda de que combate el segundo. Queda en evidencia que se invirtieron considerables medios públicos en crear esta institución. Pero estos no han sido malgastados y, lo que también es increíblemente importante, no parece haberse cortado el grifo completamente tras la inauguración. Demasiado a menudo los poderes públicos invierten en museos para luego dejar que cojan polvo. En el caso del Museo de la Ciudad de Fürth, se nota que no ha sido así.

 

Stadtmuseum Fürth Ludwig Erhard @ Facebook

 

Imágenes: Angelika Schoder – Fürth, 2014

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