La Noche Azul de Núremberg

El pasado 16 de abril, Angelika Schoder publicaba en este blog una entrada sobre Twitter y una tradición muy extendida en Alemania: las “largas noches de los museos.” Casi todas las ciudades germanas de un tamaño mediano a grande organizan una vez al año una tarde/noche en la que la que los museos e instituciones similares abren sus puertas hasta pasada la medianoche.

El público puede acceder a todos ellos pagando una entrada general y asistir a guías especiales, charlas, talleres, conciertos y otras actividades. Todo ello combinado con un ambiente festivo y más actividades en las calles y parques.

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La primera ciudad que organizó una Larga Noche de los Museos fue Berlín, en 1997, pero incluso pequeñas ciudades como Bayreuth organizan este tipo de eventos. La idea ha tenido tanto éxito que ha trascendido las fronteras alemanas e incluso las europeas. En sí, estas noches son una buena herramienta para acercar al público general a los museos. La inspiración para estos festivales de la cultura bien podría venir de la Fête de la Musique, la fiesta de la música del 21 de junio originada en París en 1981 y que también se ha expandido internacionalmente.

La ciudad de Núremberg, en Franconia Central, al norte de Baviera, tiene dos alternativas a la Larga Noche de los Museos. La primera es la “Larga Noche de las Ciencias”, dedicada a las ciencias naturales y que se organiza conjuntamente con las ciudades vecinas de Fürth y Erlangen. Y a la que dedicamos esta entrada, la Blaue Nacht, la noche azul. Este festival se centra en la expresión artística y reúne no sólo a museos, si no también a galerías, academias, teatros, colectivos de artistas e incluso locales de música en vivo y discotecas. Se viene celebrando desde el año 2000 y, desde el 2003, cada edición se dedica a un tema específico. En general, suele acoger a entre 120.000 y 130.000 visitantes.

Este año 2014 la Blaue Nacht se celebró el sábado 3 de mayo y llevó por título la palabra “Sehnsucht”. Este término tan alemán como difícil de traducir, vendría a significar algo así como anhelo, añoranza, pero también ansia. Pues bien, el equipo redaccional de MusErMeKu se puso ropa de abrigo y calzado cómodo y recorrió gran parte de los lugares en que se realizaron actividades aquella noche. Ahí va un breve análisis. Empecemos tratando un asunto importante a la hora de atraer público a eventos culturales: lo pecuniario. La entrada sin descuentos costó unos €16. Teniendo en cuenta los precios del transporte público regional y las entradas a los museos y conciertos, esto es bastante barato. La decepción viene cuando bastantes actividades, como subir a la torre de la iglesia de San Lorenzo, exigen un desembolso extraordinario. Pero, aún así, la duración del festival (de las seis de la tarde a la una de la madrugada) no basta para poder visitar todos los sitios accesibles con la entrada simple.

Comenzamos la noche poco antes de las seis en los alrededores de la plaza de Plärrer. Aquí se encuentran el planetario de Núremberg y el Volksbad, los baños populares, una joya de la arquitectura Jugendstil (modernismo) que está cerrada, en desuso y decadencia, desde hace años. En ambos casos nos encontramos con uno de los problemas que tienen este tipo de eventos de masas, esperar haciendo cola. La mayoría de los locales abiertos esa noche no están construidos para acoger a tantos visitantes a la vez. Este problema, que se acentuó por el frio que hacía, no tiene solución real. La visita del Volksbad fue decepcionante por que no se realizaron las guías por todo el edificio que prometía el programa. Sólo se pudo acceder a la sala de recepción y sentir cierta tristeza por que la ciudad de Núremberg lleve años sin ser capaz de restaurar y dar uso a este magnífico edificio.

En el camino que nos llevaría hasta el castillo imperial de la ciudad pasamos primero por las inmediaciones de la Ópera y del Museo del ferrocarril de la Deutsche Bahn. Aquí, y ya cayendo la noche, empezó a cobrar sentido el llamar a la noche “azul”. La iluminación con este color está por todas partes, creando un ambiente bastante especial en las calles. El museo de la Deutsche Bahn merece una visita, aunque uno no sea un aficionado al ferrocarril. Las exposiciones permanentes están diseñadas con mucho mimo y con mucho dinero. La única pega: el ridículo espacio destinado a tematizar los trabajos forzados y las deportaciones al exterminio durante el periodo nazi (ambos temas íntimamente relaccionados con el ferrocarril alemán).

Esto es incluso más vergonzoso si contemplamos lo extenso del espacio dedicado a la propaganda y los avances técnicos durante dicho periodo. Deberían introducirse urgentemente cambios en esa parte de la exposición. En las calles: escenarios para actuaciones musicales, una instalación/acción artística con globos de helio, un puesto de maquillaje para los más jóvenes o atrevidos, salchichas y cerveza. Todo muy popular pero envuelto en una atmósfera vanguardista – y azul. En general, y esto vale para todo el festival, un equilibrio muy logrado entre la fiesta popular que atrae a las masas, y la cultura que suele ser más elitista.

Continuamos hacia la Calle de los Derechos Humanos y el Museo Nacional Germánico. Esta veterana institución – de visita obligada si se pasa por Núremberg – me dio una de las sorpresas más gratas de la noche. Gracias a la iluminación – azul – especial para el evento, descubrí que, desde el 2006, esta institución ha abierto unas salas en un edificio colindante para acoger una impresionante colección de juguetes históricos. Habré pasado delante del edificio decenas de veces desde que abrió, y nunca me había percatado de lo que contenía. Y esto representa uno de los usos de este tipo de festivales: permiten a los habitantes de una ciudad descubrirla o redescubrirla desde una nueva perspectiva.

Según nos acercamos al castillo se van acumulando las instalaciones y actuaciones. En las calles se concentra cada vez más gente. Gran parte de ella no ha pagado la entrada y sólo quiere apreciar el ambiente festivo. Vendedores ambulantes ofrecen broches que brillan con un LED azul y la policía confisca botellas de alcohol a adolescentes. En la plaza mayor una extensa instalación de la Universidad Técnica de Munich titulada “Waldplastik!” (plástico del bosque, es un juego de palabras entre el material del que estába hecha la instalación y el término “Plastik” que también puede significar “obra de arte plástico”). Sencillamente bolsas blancas de plástico, hinchadas, amarradas a mástiles de metal e iluminadas en azul y verde. Sencillo, pero muy efectivo. Todo el mundo se hizo fotos en la instalación.

La Frauenkirche que preside la plaza, así como todas las demás grandes iglesias del centro de Núremberg, estaba abierta e iluminada. En ella se realizaron conciertos y se quemó un poco más incienso de lo que hubiese sido necesario. Para finalizar la noche pasamos un rato viendo las proyecciones que se suelen hacer todos los años sobre las murallas del castillo, visitamos brevemente el Museo de la Ciudad, un espectacular edificio que combina elementos arquitectónicos desde el renacimiento tardío hasta la actualidad y donde sonaba tango.

También entramos en el Ayuntamiento, dónde se exponían tres instalaciones. El cansancio y el hecho de que no quedaba mucho tiempo hasta que los edificios cerrasen – salvo, claro está, las discotecas – nos impidió visitar el KunstKulturQuartier o K4. Este edificio es una antigua casa okupa reconvertida en centro cultural, dando cabida a las antiguas asociaciones autónomas, con cines, salas de conciertos, de exposiciones y bares.

Pero la Noche Azul había sido ya muy larga y había merecido la pena. En definitiva cabría decir que este tipo de festivales, cuando se organizan bien, no generan grandes pérdidas y aportan mucho a la vida cultural de una ciudad. Sólo cabe esperar que la expansión internacional de esta idea continúe. Y que más y más ciudades la empleen para divulgar y deselitizar – permitanme el palabro – su patrimonio cultural y el trabajo de sus artistas.

 

Header: Angelika Schoder – Blaue Nacht Nürnberg, 2014

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