Feuerbach y Lagerfeld en la Kunsthalle de Hamburgo: más marketing que concepto

La Kunsthalle Hamburg había hecho una gran campaña de marketing para anunciar su nueva exposición, „Las Musas de Feuerbach, Los Modelos de Lagerfeld“. En el primer casco se trata de Anselm Feuerbach, pintor decimonónico alemán comparable a los prerrafaelistas y que no debería ser confundido con el filósofo con el que comparte un interesante apellido (que se traduce como „Arroyo de fuego“). La fama de este pintor no basta para justificar el empapelar la ciudad con el cartel de la exposición – diseñado con un gusto exquisito. Para ello, tenemos que referirnos al segundo artista de la exposición: Karl Lagerfeld.

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Leyenda viva del mundo de la moda, Lagerfeld ha trabajado desde décadas para algunas de las mayores firmas de dicho mundo y alcanzado en los últimos años cierta fama como fotógrafo. Su nombre, con gran presencia mediática, es más que suficiente para cumplir el sueño de todo museo: atraer a visitantes no habituales. Se trata claramente de una exposición comercial, lo cual no tiene de por si nada de malo. A continuación pasaremos revista a las sombras y las luces de la exposición, no sin antes hacer una corta critica del cartel.

Desde el punto de vista gráfico y tipográfico no hay nada que echarle en cara: sencillez y elegancia. Dos aspectos que lo hacen sobresalir entre la maraña de publicidades para musicales o ofertas de telefonía móvil que empapelan las paradas de metro de Hamburgo. La elección de las obras impresas en él es otro asunto. La obra de Feuerbach es oscura y carece de la emoción que tienen la mayoria de sus obras expuestas. En el caso de Lagerfeld, sorprende la elección de una modelo femenina, teniendo en cuenta que, en su fotografía, el diseñador suele concentrarse mucho más en el cuerpo del hombre que en el de la mujer. Aún asi, ambas forman una interesante simetría y el cartel es un acierto.

Accedemos a la Kunsthalle por el edificio moderno, la Galerie der Gegenwart (galería de lo coetáneo) y la exposición se encuentra en las salas subterráneas que conectan este edificio con el clásico. Podríamos haber entrado en la exposición también por el edificio clásico, ya que por ambos lados encontramos una introducción a los artistas, con textos biográficos bastante extensos, retratos fotográficos en gran formato de los mismos, y sus nombres ocupando toda la pared frontal e indicando en que mitad de la exposición se encuentran las obras de cada uno. La exposición dedica casi exactamente la mitad de su espacio a cada artista, y aquí nos encontramos con la primera gran sombra del proyecto, una sombra conceptual.

¿Qué razón hay para exponer a Feuerbach junto a Lagerfeld? ¿El que ambos tengan musas? Esto no es ni de lejos algo que individualice a estos artistas. ¿El que ambos hagan referencias a la antigüedad clásica en sus obras? Por mucho que los textos introductorios quieran hacernos entender esto, las referencias en el caso de Feuerbach no son demasiado claras, y en el caso de Lagerfeld se trata en gran parte de una serie de fotografías realizada ex profeso para la exposición. Y la separación por salas de los artistas, si bien estéticamente justificada, no facilita la comparación directa entre el siglo XIX y el XXI. La escusa no vale. El concepto es demasiado forzado. Casi como si dos equipos independientes hubiesen preparado sendas exposiciones y se hubiesen visto forzados a fundir sus proyectos en uno por razones de tiempo y espacio.

Partiendo de esta observación, cabe destacar lo acertado del diseño espacial, de la „escenografía“, de la exposición. En este aspecto se ha realizado un gran trabajo que envuelve las obras a la perfección, dando una cierta unidad estética a la muestra. Comenzando por las dos salas introductorias mencionadas anteriormente, dos white cubes perfectamente estructurados que preparan al visitante para las obras que apenas se pueden entrever desde ellos, y que crean una expectación que quizás sea algo excesiva. Las Salas se dividen en dos alas dedicadas cada una a un artista y dos salas centrales, que son el único sitio en el que podemos entrever las obras del uno mientras observamos las del otro.

Las salas son amplias y dejan respirar a las obras – especialmente en el caso de Feuerbach, teniendo las fotografias de Lagerfeld unas dimensiones algo excesivas para mi gusto. Otro aspecto a destacar en lo que a diseño espacial se refiere es la utilización del color en las paredes. El blanco estéril de las introducciones deja paso a unas salas con una base de o bien gris turquesa, o bien burdeos oscuro. Ambos colores son cálidos, acogedores y dejan destacar a las obras. Si a esto añadimos un excelente trabajo de iluminación, nos encontramos en unas salas de exposiciones ejemplares que bien hubiesen merecido un concepto más maduro. Me repito.

Si bien no soy ni historiador del arte ni pretendo erguirme como critico de esta, permitanme escribir a continuación unas lineas sobre las obras expuestas. Comencemos por Feuerbach. Empieza su mitad de la exposición con una serie de estudios sobre papel que, si bien tienen interés y belleza por si mismos, no tienen realmente razón para estar en la exposición ni paralelo en la sección de Lagerfeld. Todas las obras expuestas son retratos femeninos, en su inmensa mayoria de la musa más importante de Feuerbach, Nana.

Los marcados rasgos de esta italiana se repiten hasta la saciedad en las paredes, en retratos de formato medio en los que vemos una y otra vez las mismas poses e incluso la misma ropa y joyas, plasmadas con gran cuidado sobre el lienzo. Sin embargo, esta monotonía que solo rompen unas pocas obras como un desnudo apaisado o un grupo mural en la sala central, tienen mucho interés si uno se para a observar los estados de ánimo y emociones que transmiten discreta pero acertadamente los retratos. Esto da a entender el grado de conexión psicológica entre el artista y su musa, y representa la autentica calidad de estas obras, en mi humilde opinión. Pero, pese a esto, la mencionada monotonía es el aspecto – o defecto – más destacable de esta parte de la muestra.

Con Lagerfeld nos adentramos en un mundo completamente distinto. En el fondo esto es lo que el visitante medio realmente ha venido a ver, ya sea por curiosidad, por genuino interés en su obra fotográfica, por que un museo muestra obras de alguien que conocen de la tele, o cualquier combinación de los motivos anteriores. Feuerbach podría incluso considerarse una escusa intelectual para ir al museo y presumir de cultura con amigos y conocidos. Y, como ya he dicho, su apellido suena bien. La obra de Lagerfeld, o al menos lo que nos muestra la exposición, tienen más cabida en una revista de moda que en un museo. No me malinterpreten, no considero a la fotografía de moda como un arte menor en si misma.

Pero, y pese a todos los esfuerzos por ceñirse a una narrativa (demasiado) clara, le falta profundidad conceptual. El tratamiento de la luz es muy bueno en general y la manera bastante artesana en que están impresas las imágenes – sobre lienzo o cartulina hecha a mano, impresas en grandes dimensiones con una resolución mala, como de periódico antiguo, en negro sobre fondo dorado o plateado – tiene indudablemente su interés. Pero la historia bucólica „Dafnis y Cloe“ de Longo que las fotografías deberían narrarnos, parece una mera excusa para estas. Uno llega a esta conclusión, incuso teniendo en cuenta que una sala entera está dedicada a exponer páginas de la obra en alemán, impresas de manera parecida a las obras. Estas páginas sueltas se refieren a algunas fotografías, pero no permiten al visitante comprender toda la historia. El, hecho de que los modelos sean profesionales de la moda da a estas imágenes su carácter „de revista“. Un toque artificial que no convence.

Los modelos posan como tales y  no como musas ya que son más una herramienta del fotógrafo que una fuente de inspiración para este. El hecho es que Lagerfeld realizó esta serie de obras para la Kunsthalle y hubiesen funcionado mejor en su propia exposición, mientras que, aquí, uno hubiese esperado una antología del tratamiento fotográfico que ha dado Lagerfeld a sus diversas musas durante su extensa carrera. Supongo que alguien no tuvo el valor de exponer como tal el “kitch” de estas obras – que el texto de la exposición intenta vendernos como ironía posmoderna, lo que empieza a ser un truco muy viejo. De nuevo, un problema de concepto y de narrativa.

En una pequeña sala paralela con paredes gris oscuro, encontramos un añadido a las obras de Lagerfeld que si que coincide con el titulo de la exposición. Se trata de diversas series de Fotos de la su musa Baptiste Giabiconi. Bajo el titulo „Body Freedom“ estos desnudos se pueden entender como estudios de la anatomía masculina y si que reflejan la relación entre artista y musa. Especialmente la serie que estudia la cara del modelo con distintas sombras, sin duda lo mejor de la muestra de Lagerfeld. Un ultimo aspecto que no puedo dejar de destacar es la inclusión de sonidos de fondo en es estas salas. Siempre he sido de la opinión que el sonido suele ser terriblemente menospreciado en las salas de los museos. Estas grabaciones de sonidos de la naturaleza con una voz femenina susurrando una narración – incomprensible y sobre la cual no encontré ninguna información – son un buen extra, pero la realización técnica podría haber sido mucho mejor.

Resumiendo, esta exposición tiene mucha más forma que fondo. La realización técnica es realmente buena, pero las obras a las que envuelve no destacan tanto. Y el concepto es muy flojo, casi ilógico. En realidad se trata de un reclamo para el público. Casi podríamos hablar de un truco comercial. También lo sería el vender tres catálogos distintos (dos de Lagerfeld y uno de Feuerbach) para una exposición no muy extensa. La Kunsthalle de Hamburgo no vende entradas individuales para sus exposiciones temporales, lo que significa que el visitante puede acceder a todo el museo si ha venido atraído por el nombre de Lagerfeld. Si este tiene el tiempo suficiente, bien podría descubrir una exposición permanente de indudable calidad. Esto sería, en el fondo, el aspecto más positivo de esta muestra: atraer a gente al museo.

 

Header: Angelika Schoder / Damián Morán Dauchez, 2014

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