Una visita al „Museum der Arbeit“ en Hamburgo

A finales de octubre del 2013 visité la exposición permanente del Museo del Trabajo (Museum der Arbeit) de la ciudad alemana de Hamburgo. Se trata de una interesante institución que desea reflejar la evolución de la cultura industrial alemana ante su supuesta desaparición.

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Situada en una antigua fábrica, la exposición permanente contiene como mínimo 5 narrativas que no poseen un hilo conductor que las una y, en parte, parecen haber sido concebidas e instaladas sin tenerse en cuenta las unas a las otras. Un cambio en la dirección del museo en 2014 debería modificar parte de la exposición en un futuro cercano, buscando el interés de una base más amplia y diversa de visitantes.

El Museum der Arbeit forma la mayor parte de un complejo cultural y de entretenimiento que incluye también la sede de una promotora de eventos culturales, una local de fiestas y bar y una gran plaza donde se celebran eventos al aire libre. En dicha plaza se encuentra la descomunal pieza icónica del museo: la cabeza de la perforadora T.R.U.D.E., con la cual se excavó uno de los túneles que pasa por debajo del rio Elba en la ciudad de Hamburgo. Este objeto-insignia se encuentra en la otra punta del complejo que el edificio de exposiciones del museo (la “nueva fábrica” de la antigua productora de mercacías de caucho New-York-Hamburger-Gummi-Waaren), lo cual no ayuda a reconocerlo como tal. A esto se suma que el logotipo del museo es una representación esquemática del edificio que comparten las oficinas de la institución con la sala de fiestas (la “vieja fábrica”) en lo que parece ser un error conceptual de diseño que puede confundir a los visitantes.

La entrada al edificio es bastante discreta y, si le añadimos que parte de la plaza era intransitable por encontrarse en obras en el momento de mi visita, incluso difícil de encontrar. El interior es el sueño de cualquier expositor que no tenga que temer los efectos de la luz natural en sus objetos: una antigua fábrica restaurada con techos altos, grandes ventanales y sin elementos estructurales que estorben la vista. En la planta baja nos encontramos el guardarropa, la recepción y la tienda. Todo esto a mano izquierda sin bloquear realmente la entrada al visitante. Al otro lado una agradable cafetería que parece tener éxito. Desde las mesas de la cafetería se puede ver la primera parte de la exposición.

Se trata de la reconstrucción del interior de una antigua productora de insignias metálicas, rodeada de explicaciones del proceso de producción de las insignias, ejemplos de estas, exposición de las máquinas y una historia de la empresa. Aquí, como en el resto de la exposición permanente, se echa en falta más protagonismo para los trabajadores. Si bien aparecen citas de los obreros de la fábrica – hablando de las duras condiciones laborales – estas quedan relegadas a un segundo plano frente a los aspectos técnicos de la historia.

La primera planta está dividida en dos áreas, una dedicada a la historia del papel impreso y la otra a la importación y venta de productos ultramarinos (de especial importancia en Hamburgo, uno de los principales puertos de Europa). La primera de estas áreas es la más interesante desde un punto de vista escenográfico: la narración cronológica sucede de una forma bastante natural conteniendo espectaculares objetos, con explicaciones técnicas e históricas concisas.

A ambos lados de la exposición se encuentran diversos talleres de imprenta que no son de acceso libre para el público y se utilizan para el programa de actividades pedagógicas del museo. Esto consigue que se respire un ambiente de autenticidad en la sala. Incluso de forma literal, ya que huele a taller de imprenta. Por otro lado se ofrece al visitante una auténtica interactividad que prescinde en su mayor parte de medios digitales. El visitante es pues capaz de realmente participar en el museo con sus propias manos de una manera que le sería imposible desde el ordenador de su casa.

La segunda parte de la primera planta tiene un ambiente mucho más tradicional. La historia de las importaciones de ultramarinos entre los siglos XIX y XX es expuesta utilizando medios escenográficos muy tradicionales y algo trasnochados. Tiene el aspecto que tenían la mayoría de los museos etnográficos en los años 1980 y 1990, y es sin duda la parte que más necesita ser reestructurada o incluso sustituida completamente.

Entreplantas nos encontramos con una pequeña exposición sobre la empresa que tenía su sede y fábrica en los edificios del museo. Aquí también predomina la historia técnica de la producción industrial – de objetos de caucho, en este caso. El interés de esta parte de la exposición permanente reside en que es una puesta en situación, en que explica la autenticidad del edificio del museo. El colocar esta parte entre las plantas primera y segunda se debe sin duda a cuestiones de espacio, aunque hubiese sido más lógico que la narrativa de la exposición empezase aquí.

La segunda planta es sin duda la más moderna y la más interesante de la exposición. También es la que da más cabida a los aspectos sociales de la cultura industrial. Esta planta tiene su propia cronología, definida en una detallada linea cronológica de la historia industrial de Alemania que se extiende a lo largo de toda la pared Norte de la sala. Esta linea es todo una acierto para el visitante que quiera situarse de manera rápida en la historia que trata el museo.

El resto de la sala está ocupada por una serie de instalaciones que tratan diversos aspectos del mundo del trabajo, en su mayor parte industrial, mezclando explicaciones con textos bilingues con objetos e ilustraciones. Hay una pequeña instalación sobre la alienación laboral que parece un poco perdida en el conjunto y que, siendo una muy buena idea, merecería una realización más limpia. Destaca la parte dedicada al movimiento obrero, con referencias a su pasado pero centrada en temas actuales. Aquí se echa de menos el protagonismo del obrero en la exposición.

El centro de la sala tiene una serie de instalaciones, que mezclan objetos, textos imágenes y audio, en las que se da la palabra a varios obreros, empresarios y académicos. Para utilizar dichas instalaciones, el visitante tiene que sentarse en ellas de una en una. Esto puede venir bien para descansar las piernas al final de la exposición, pero para acceder a todas las estaciones el visitante tiene que cambiar de asiento varias veces, no podrá acceder a la información si ya hay una o dos personas utilizando una de las estaciones y no puede decidir de antemano si la información ofrecida en uno de estos asientos le interesa realmente antes de sentarse.

Todo esto hace que estas informaciones tan importantes sean difíciles de acceder, especialmente cuando son posiblemente las últimas que el visitante puede recibir del museo, cuando su capacidad de asimilar nuevos aspectos ya es menor. Aún así, la sala tiene una composición armónica, agradable y funcional.

La tercera planta del edificio, dedicada a exposiciones temporales, estaba cerrada por no haber nada expuesto en ella durante mi visita. Esta reseña tampoco refleja la calidad de la guía de audio del museo, que estaba siendo reestructurada.

En general el Museum der Arbeit de Hamburgo bien merece una visita. La exposición permanente tiene altos y bajos, y le falta un hilo conductor general. Por otro lado, esto da la impresión de estar visitando diversas exposiciones independientes en torno a un mismo tema. Partes del museo necesitan ser actualizadas o cambiadas, pero, como se menciona arriba, este proceso debería comenzar a principios del 2014. El museo como institución crea una destacable y variada oferta pedagógica y lúdica a sus visitantes. En general, el ambiente es acogedor y se aprecia que el equipo que trabaja en el museo tiene muy en cuenta al visitante. Y esta es una costumbre que deberían tener todos los museos.

 

Header: Angelika Schoder – Museum der Arbeit, Hamburg 2016

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