La propaganda y las comillas

El 25 de marzo del 2011 el diario El País publicaba en su página web una noticia sobre la apertura al público del pazo de Meirás. En ella se hacía referencia al largo debate sobre la que fuese residencia de la eminente escritora gallega Emilia Pardo Bazán y que pasó a servir de residencia de verano para el general golpista y dictador Francisco Franco a partir de 1938 – y que sigue siendo propiedad de sus herederos.

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En la noticia también se puede leer la siguiente frase:

“Tras casi cuatro años de batalla legal que aún no terminó, la familia del caudillo, encabezada por su única hija, Carmen, cedieron finalmente ante la Xunta para cumplir con su obligación legal de abrir al público cuatro días al mes un inmueble de finales del siglo XIX que cuenta con la mayor protección patrimonial.”

Llamar a Franco “caudillo” sin explicar este término, o al menos ponerle unas comillas, es una grave incorrección histórica. En un caso como este denota o bien las afinidades antidemocráticas del autor o un lapsus lingue que debiera ser corregido en una fe de erratas con la consiguiente explicación y disculpa que deje claro que no se trata de lo primero.

El 27 de septiembre de 2013 se publicaba la reacción del presidente de la empresa pública Radiotelevisión Española (RTVE) ante la pregunta parlamentaria de Laia Ortiz, diputada del partido Izquierda Plural, sobre la utilización del término “caudillo” para referirse a Franco en una noticia del Telediario de La 1 (primer canal público de la televisión española) del 6 de julio de 2013.

El presidente Leopoldo González-Echenique declaró que la utilización de este término fue un error, prometió ofrecer disculpas y tomar medidas para que este hecho no se repita; y disculpó al periodista responsable alabando su carrera profesional y su objetividad. Según él, el periodista utilizó dicho término „con la única intención de explicar qué posición tenía Franco en aquel momento (26 de septiembre de 1971).“ Esto no es cierto. El término “caudillo” no define ningún cargo institucional. Se trata de un término propagandístico empleado por la dictadura franquista para enaltecer al dictador.

La diputada Ortiz apuntaba en su pregunta a la incorrección de emplear esta “terminología infame” refiriéndose a Adolf Hitler como el “Führer” o a Benito Mussolini como el “Duce.” Esto es completamente cierto: reproducir propaganda del pasado sin ponerla en contexto o explicarla es un grave error científico, uno de los más graves que pueden cometer un historiador o un periodista que escribe sobre historia. Si a esto añadimos que este error se comete con la historia de las dictaduras ultranacionalistas europeas del siglo XX, cuya herencia sigue vigente y representando un gran peligro para las democracias occidentales, es error es aún más grave. Sin embargo, este tipo de palabras siguen formando parte del vocabulario popular y uno no tiene por que prescindir completamente de su uso. Basta con buscar una manera correcta de emplearlas.

En marzo del 2011, el que aquí escribe mandó un correo electrónico a la defensora del lector de El País, protestando por el empleo del término “caudillo” en la noticia. En dicho correo también hacía un par de apuntes sobre como, en mi opinión, se deberían utilizar este y otros términos propagandísticos en artículos periodísticos. Para ello me baso en la forma que tienen la prensa e historiografía serias en Alemania de hacer frente a este problema. El primer paso es nunca escribir este tipo de términos sin comillas. Las comillas dejan claro que la palabra en cuestión es una cita, que no pertenece al autor si no a la terminología del regimen del que trata. Esta solución sólo puede aplicarse al lenguaje escrito y no serviría para la noticia del Telediario de La 1.

En estos casos, en alemán se emplea el término “sogennant” (o su abreviación escrita “sog.”) que se traduce al castellano como “denominado”, “llamado”, “dado en llamar”, “autodenominado” o incluso “mal llamado.” Personalmente me inclino por utilizar esta última traducción, ya que no creo que un trato de excesiva neutralidad frente a un régimen dictatorial sea algo correcto o productivo. Mucho menos si se escribe para un medio de comunicación público de un país democrático, como es RTVE. Es más, abogo por emplear el “mal llamado” y las comillas conjuntamente a la hora de escribir un texto.

Así habría que hablar del mal llamado “Führer” ya que “guía” no es un cargo político, o del mal llamado “III Reich” ya que el territorio controlado por la Alemania nazi nunca fue un impero – no fue gobernado por un emperador. También deberíamos hablar del mal llamado “caudillo” o de la mal llamada “cruzada.” Aunque este último caso es casi demasiado obvio. Lo importante es que los historiadores y los periodistas o blogueros hagan un esfuerzo por no perpetuar las estructuras lingüísticas de la propaganda de regímenes totalitarios. Por esto cabe agradecer su pregunta a la diputada Laia Ortiz y esperar las disculpas y medidas oficiales de RTVE.

 

Header: Angelika Schoder, 2015

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